Dice Flora Guerra
La pianista regresa de una exitosa gira de conciertos en URSS, Polonia, Rumania y Cuba

 

“Existe cierta afinidad entre los ejecutantes y determinados compositores musicales. Mis preferencias son para Mozart, Bach, Brahms y Ravel”, declara Flora Guerra.

“Es un privilegio de Chile poder ofrecer conciertos gratuitos para el público”, dice la gran concertista quien también ocupa la Cátedra de Interpretación Superior de Piano en el Conservatorio Nacional de Música de la Universidad de Chile.

Una melodía de Mozart nos va guiando hacia el departamento de Flora Guerra. Aunque el sonido ha sido amortiguado, las notas son cristalinas, puras, perfectas. No cabe duda de que ahora estamos frente a su puerta. ¿Quién sino Flora Guerra puede tocar así el piano en Chile? Alumna de Rosita Renard hoy la reemplaza con propiedad, y para muchos, la supera.

Ni el fotógrafo ni yo somos músicos. Sin embargo, esa melodía del piano nos ha transportado. Nos gustaría permanecer tras esa puerta, escuchando indefinidamente el suave concierto…

Un éxito rotundo –aseguran las críticas –ha marcado la reciente gira de la pianista chilena al extranjero. Ofreció conciertos  acompañando, como solista, a las orquestas sinfónicas y también recitales en las capitales, y principales ciudades de la Unión Soviética, Polonia y Rumania. A su regreso a Chile tocó ante el público de la Habana.

La música es realmente el idioma común de la humanidad –afirma Flora Guerra-. Todos los hombres comprenden su mensaje, aunque estén divididos entre ellos por las ideologías políticas, las barreras del lenguaje diverso, o las segregaciones raciales.

En su pequeño estudio casi tiene únicamente cabida su piano de cuarto de cola. Es un Bechstein, amortiguado por un pañolete de tela gruesa. También el techo de la habitación está cubierto con aislador de ruido, para suprimir las molestias del sonido a los demás habitantes del edificio del departamento.

Flora nos habla de su reciente experiencia de ultramar:

-Tal vez la diferencia fundamental que encuentra el intérprete chileno en Europa, y también en los Estados Unidos, es la importancia del papel del crítico musical. Este experto puede levantar o hundir el prestigio de un ejecutante. Puede que su poder se deba a la gran masa flotante que albergan las grandes capitales y que hacen que el público y los empresarios tengan que guiarse por el veredicto del crítico especializado.

Las críticas que recibió la concertista chilena deben también enorgullecernos por su labor divulgando en el extranjero la cultura musical de nuestro país.

El público eslavo entiende de música. Es exigente, al igual que lo son sus críticos. En la Unión Soviética se demanda mucho, en especial al pianista y violinista. Pero tal vez sea Polonia el país musical por excelencia, de todos los que conozco.

Flora tuvo el privilegio de actuar como solista para la Orquesta Sinfónica de Varsovia que dirigió el maestro Wislowski, considerado uno de los más destacados del mundo.

-No, no tuve problemas en ninguna parte –responde Flora a una pregunta nuestra-. El único fue más bien divertido. No llevaba fotos mías, porque nunca me fotografío… Pero me pidieron algunas para los afiches anunciando los conciertos. “No puede romper la tradición polaca”, me insistieron. Me vi obligada a sacarme una foto donde toman instantáneas para los carnets…

De la Unión Soviética comenta:

-Es tan vasta, tan inmensa, que en pleno invierno, en enero, mientras ofrecía un concierto en Triflis, al sur, en un agradable clima de 20 grados sobre cero, en Moscú, ese día, había 20 grados , pero bajo cero…

n son recordadas sus hermosas versiones de algunos conciertos para piano de Mozart, acompañada por Victor Tevbah y la Orquesta Sinfónica, fieles compañeros de innumerables jornadas musicales. En los años ochenta continúan sus recitales como solista. En 1985 va a Brasilia. Federico Heinlein, juzga su recital de noviembre 1987, en el Instituto Goethe donde toca a Mozart, Ravel y Schumann como “suprema hermosura”.

 

CUNA MUSICAL

Flora Guerra oyó música desde el día en que nació. Su padre era violinista y profesor de Teoría y Solfeo en el Conservatorio Nacional. Su madre, pianista.

-Recuerdo la impresión que me hizo a los 4 años escuchar un cuarteto que ejecutaban en casa, mis padres, Enrique Soro y otro músico que por ahora olvido quien era…

Su padre murió cuando Flora era aún muy niña, y su madre lo reemplazó en la Cátedra  del Conservatorio. Ella fue su primera profesora de piano, Rosita Renard, la última.

-Mi primera manifestación musical fue componer. Pero a los 15 años, cuando estudié Composición con Humberto Allende, me di cuenta que jamás resultaría como compositora  de música.

Ni siquiera el estímulo de Domingo Santa Cruz, al conocer una canción compuesta por la joven, hizo desistir a Flora de sus propósitos de sólo dedicarse a interpretar al piano.

Las clases en el Liceo N°5 y después en el N°1 de Santiago se combinaron con el duro aprendizaje musical en el Conservatorio Nacional. Los últimos años de estudio secundarios fueron hechos en el Instituto Secundario de la Universidad de Chile. Ahí pudo solucionar los problemas de horarios paralelos entre el Liceo y el Conservatorio.

A los 18 años, Flora contrajo enlace con Pedro Ugalde, funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores. Meses más tarde ofrecía su primer concierto en el Conservatorio.

-Esperaba, de seis meses, a mi hijo mayor cuando ofrecí mi primer concierto público, con entradas pagadas. Fue en el Teatro Cervantes, entonces usado para este tipo de concierto –recuerda Flores.

Rosita Renard se paseaba nerviosa entre bastidores, reclamando: “Las cosas que se le ocurren a esta niña…”. Flora confiesa:

-Entonces consideré muy romántico, muy estimulante y maravilloso poder ofrecer un concierto llevando a un hijo en mí. Recuerdo que me sentí muy feliz. Así, la alegría de mi éxito la compartía también mi hijo…

El hijo fue Ximena, hoy casada con Francisco Quezada, violinista de la Sinfónica. Actualmente están en Alemania, donde él disfruta de una beca de perfeccionamiento.

-A los dos años Pedro, que hoy estudia electrónica, y también di un concierto, embarazada de cinco meses. Quizá había algo en mi proceso de procreación que me hacía buscar imbuirme en la música…

Con dos hijos y dos conciertos cumplidos en forma excelente, Flora partió a Cuba siguiendo a su marido, destinado como diplomático en La Habana.

-Ahí me lancé a tocar en público y perdí toda inhibición…

Flora confiesa que “frente al piano no me molestan ni las toses del público, ni el ruido de papeles hojeando el programa”, en cambio:

-Sólo identificar caras en la primera fila me perturba. Por eso saludo mirando al infinito que busco en el fondo de la sala, donde no llega la iluminación.

En Cuba se enfermó su marido. Grave llegó a Chile y falleció en 1953. Flora se refugió en el piano. No interpretando piezas que expresaran sentimientos, sino trabajando en ejercicios.

-En esta forma mi madre me enseñó a sobrellevar el dolor de perder a mi padre y también lo hice cuando ella murió.

En 1956 Flora contrajo matrimonio con el abogado Álvaro Giesen.

-Álvaro se fascina con la música. Fue alumno de mi madre, pero no siguió después ejecutando.

El tercer hijo, hoy de nueve años, heredó el talento musical de su madre. Es violinista y también toca la flauta dulce Su madre lo acompaña a menudo en su piano.

Son recordadas sus hermosas versiones de algunos conciertos para piano de Mozart, acompañada por Victor Tevbah y la Orquesta Sinfónica, fieles compañeros de innumerables jornadas musicales. En los años ochenta continúan sus recitales como solista. En 1985 va a Brasilia. Federico Heinlein, juzga su recital de noviembre 1987, en el Instituto Goethe donde toca a Mozart, Ravel y Schumann como “suprema hermosura”.

 

 

LA MÚSICA MODERNA

-¿Cuáles son los músicos modernos que se destacan ahora en Europa? –pregunta EVA a la concertista chilena.

-En primer lugar, yo diría que el polaco Pendereski, quien ya se ha hecho famoso con su obra para coros, solistas y orquesta “La Pasión según San Lucas”. También está el francés Messiaen con obras para piano.

Los expertos declaran que este es el momento del dodecafonismo y de la música aleatoria. Pedimos a Flora que nos explique el significado de esta última.

-La música aleatoria de una completa libertad al intérprete. Es una visión nueva. El ejecutante sólo debe seguir ciertas indicaciones que ha hecho el compositor, y aparecen nuevos timbres sonoros. Estos pueden obtenerse pellizcando las cuerdas o tamboreando en la madera del piano. También se puede cambiar el sonido, colocando papel, o naipes, sobre las cuerdas del instrumento. Este estilo está muy en boga principalmente en Alemania con Stockhausen, y en Estados Unidos con Cage.

-¿Agrada al público en general esta música?

-Para algunos snobs es fascinante. Para los entendidos tiene importancia cuando el mensaje es sincero y hay talento detrás de la innovación. La música evoluciona al igual que todas las artes. Ahí tenemos genios como Stravinsky, Bela Bartok, que son tan geniales como Bach y Beethoven…

-Como catedrático de interpretación Superior de Piano en el Conservatorio Nacional de Música, ¿cree que aumenta el interés de la juventud chilena por estudiar música?-.

-Lamentablemente no. En Chile hay pocas posibilidades para el artista. Finalizado el examen de licenciatura, ve que su arte no tiene aplicación.

-¿Cómo se podría remediar este problema?

-Tal vez la televisión chilena, en su carácter de universitaria, podría presentar a los jóvenes artistas chilenos, en programas cortos, regulares, que al mismo tiempo sirvan para desarrollar una labor educativa musical del público. Así como las radios y la televisión abren camino a la música popular, y a sus intérpretes, igual podrían ayudar al joven artista de música seria. No se trata de ofrecer programas largos y difíciles para el público, sino iniciarlo en forma sistemática para enseñarle a apreciar el arte musical. Se podrían crear cursos de postgraduados, donde se prepararía a los ejecutantes, así como el repertorio destinado a fomentar una vida educacional de conciertos.